Me acuesto
Me acuesto con la noche y con el día entrelazados en un juego de luces y sombras amarradas y entretejidas encabalgando sonidos y silencios, sueños y soñados; me acuesto con el sol y con la luna cuando ambos son y no son cuando el uno es el otro y viceversa en el momento en sus rayos se confunden y da lo mismo ser uno u el otro en ese segundo en que los colores son tan vivos como muertos en el que algunos se levantan trasnochados y otros se acuestan atardecidos; me acuesto con el recuerdo de una madre llorando en Georgia con el cadáver su hijo entre los pechos, con la imagen de un niño en Nigeria a puro hueso con un olor a muerte en su carabelar sonrisa, con la mirada de una selva que gime en El Amazonas en el sonido de las sierras y de animales y tribus corriendo, con unas imágenes del Presidente Bush con sus guardaespaldas y su traje llevando como relicario miles de muertes, con las oraciones de un iraquí que reza a Ala antes de inmolarse frente a un shopping center, con los ojos lloroso de un indio en Perú entregando las tierras de sus milenarios antepasados, con el ruido constante de máquinas y martillos que labran una muralla de lamentos y tormentos al norte de América Latina con el rechinar de una yola que sale en una noche de luna en búsqueda de una visa para un sueño en medio de la pesadilla, con miles de voces y de imágenes de mi isla entretejiendo día a día la vela de este naufragio en el Caribe, con el sonido ensordecedor del sollozo de una puta que llora la recesión de la economía entre sus piernas; me acuesto con el amor y el desamor en un eclipse que no conoce de horas o calendarios de un adiós dibujado sobre la arena o de algún beso lanzado al aire en las antiguas murallas por donde deambulan fantasmas de versos robados a una musa que vendió sus servicios a algún desconocido; me acuesto con mi soledad y con mi bullicio con cada cuerpo que ha habitado mi carne, con cada mirada que se me ha tatuado, con cada caricia con que temblado, con cada rostro con que he chocado con dada realidad o fantasía que se me ha confundido; me acuesto con mi ausencia y todas las presencias mi cama está tan vacía y tan llena que a veces, sólo a veces, me pregunto si queda espacio para mí.
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